El Urogallo verde

No es verde sino negruzco y oscuro. Una ave enigmática, casi mítica. Pocos la han visto en vivo pero todos sabemos cómo es y cómo canta. Come el acebo que poníamos como adorno en los árboles de navidad y hoy, ni se nos ocurre coger. El urogallo tiene un canto de esperanza, una luz que ilumina los bosques y los valles cuando suena su llamada. El macho se muestra orgulloso, la hembra se deja cortejar, y mientras viva en nuestro entorno, tendremos algo que contar.

Como cantaba el poeta que nos atrevemos a plagiar: "Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna, Maraña, las casas la están mirando y ella las quiere amar."

La cabaña del urogallo es verde. Como los valles de Maraña y los puertos del Mampodre. Los prados que las vacas y caballos mantienen bien segados. Verde como las hojas en primavera. Verdes como los campos sembrados de champiñones en otoño y perretxikos en primavera. Un color verde que le da un aire especial, que se transmite nada más entrar. El verde que sucede al blanco invernal, cuando los rayos de marzo derriten la nieve en la Cortina. Verde es nuestro homenaje de esperanza al abandono de la montaña.

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